Escoger el centro de educación superior idóneo empieza con terminar con éxito un proceso de autoevaluación en la  búsqueda de la vocación. Aquello permite establecer las  habilidades, los intereses, las aptitudes, lo que quiere cada joven, es un trabajo de autoconocimiento. 

“Cuando uno ha indagado sobre lo que yo soy,   qué me gusta, qué prioridades tengo, qué valores le doy al trabajo, después podemos ya ir perfilando la carrera que queremos”, dice Isabel Merino, coordinadora académica del Instituto Ideas de  la Universidad San Francisco de Quito (USFQ). 

Tras analizar el perfil vocacional y escoger, dice Merino, primero hay que ver si  la visión de las universidades que ofrecen la  carrera seleccionada está alineada con lo que se  busca en el futuro profesional. 

Ayuda realizar un listado con las instituciones de educación superior que ofrecen la carrera escogida. La Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación tiene una guía web  que se puede emplear. 

“Hay que ver el título que otorga. Mucho va a depender del lugar donde está  la universidad, sobre todo para los que están en provincias, si estoy dispuesto y tengo los recursos para irme a vivir a otro sitio”, afirma.

La comparación de las mallas curriculares, ver en lo que hace énfasis cada una para escoger la que más va acorde a lo que quiero especializarme.  “A pesar de que las universidades ofrecen las mismas carreras de pregrado, no todas manejan las mismas mallas”, dice Merino. 

Una vez que están las opciones hay que ver los costos, lo que no debería ser una limitante, agrega la especialista. “Muchos chicos lo ven imposible, pero las becas son una muy buena opción, hay universidades que manejan hasta un 30% de becados o pensiones diferenciadas, hay asistencias financieras, facilidades de pago una vez que se graduaron”. 

Un semestre en una universidad privada oscila entre los $ 3.000 y $ 6.000, pero hay posibilidades de pago, añade. 

Un consejo es que los jóvenes pidan una clase demostrativa para que vean el ambiente de cada uno de los campus. 

Ver la movilización, si cuenta con servicio de transporte para los estudiantes, acceso en transporte público o la capacidad de parqueos para ir en auto.  “Calcular esos costos más los de alimentación, los horarios, si son comprimidos, si son solo diurnos o vespertinos”, más aún si se quiere estudiar y trabajar. 

El abanico de programas de intercambio y de pasantías en el exterior también puede ser un plus. “Aquí hay que ver si  este periodo es parte de los créditos de la carrera, de lo contrario  solo será una experiencia. Hay que tomar en cuenta lo económico, si la universidad  no los valida es un monto adicional, pero si pagando lo mismo le da la posibilidad de estudiar un semestre afuera, entonces no ha perdido dinero, ni tampoco se ha incrementado el valor”. 

Medir el nivel de trabajo que hayan conseguido sus egresados,  qué tan aceptados son en el mercado laboral es otro punto del análisis, advierte Merino. 

Una idea se obtiene  conversando con los exalumnos.  “La Senescyt ha evaluado a las universidades y hay los rankings  que se manejan a nivel mundial y país, esos también son indicadores”, señala.(I)

Fuente: Diario El Universo